Nuestra escuela florece de nuevo


 

 

Estoy mirando la fotografía de “El nuevo local de la escuela” que me envió nuestro ilustre “Urí” la pasada Nochebuena. Hoy la vuelvo a mirar, tres días después de recibirla, porque me llama la atención.

Miro la fotografía y reconozco, más que nada, las paredes y las ventanas. Por aquellas ventanas veíamos cernerse en muchas tardes de invierno unos copos de nieve que hoy se me representan gigantescos e innumerables. Aquellos climas nos hacían ansiar salir corriendo a resbalar a las Encorradas.

También veíamos los chaparrones repentinos de las tormentas, los revoloteos de las golondrinas y los vencejos de las primaveras, el paso elevado de las cigüeñas y los milanos, y los alborotos de los pardalines de todos los días del año que nos hacían envidiar su agilidad y libertad por los aires.

Tanto deseábamos la libertad que también envidiábamos a los pastores que careaban los rebaños hacia el monte, al son múltiple de las cencerras, ayudados por sus fieles perros de aqueda.

Remiro una y otra vez la fotografía y mis recuerdos ven cosas de hace 65 años. Veo a los amigos y amigas, veo muchas ganas de jugar, menos ganas de estudiar y más ganas de reír y correr.

Pero hay cosas que no soy capaz de ver. Echo de menos a tantos y a tantas… Doña Elisa, don Ismael, don Eusebio, doña Amelia, don Isidro y tantos otros… y un tropel de casi cien, entre niñas y niños, y también, de verdad, a “La Tía Ignacia” y  a “La Tía Josefa” a las que tanta guerra les dimos y que tanta sed nos quitaron! Eso me hace sentirme solo de alguna manera, porque ellos y ellas ya no son como eran o ni siquiera están.

 

 

Por eso saco a relucir de nuevo un par de fotos de las viejas para completar el panorama, con ellas simularemos que brota una vieja primavera, con flores de las de antes, como si regresaran a la escuela, después de un recreo.

 

 


Ahora toca celebrar lo nuevo, reanimar, revivir.

¿Os imagináis cuántas cosas, personas y actos caben en ese nuevo local?

Esperemos y hagamos lo posible para que se llene, aunque sea esporádicamente, de actos y cosas hermosas, con nuestros hijos y nietos, por ejemplo, que aparecerán más señoritos, pero reproducirán las mismas miradas y verán las mismas luces, aunque sean luces de ahora.


¡Que sea enhorabuena!

Y demos gracias a quienes han promovido esta renovación.

 

 

 

Para calentar voces para el concierto, reproduzcamos este villancico de nuestra tierra:

 

Guadarrama, 27 de diciembre de 2018